40 años

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'¿Sabés cuál es el problema con las mujeres? Las mujeres tienen sexo con un tipo y se enamoran...'
J. A., machista contemporáneo
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El martes, en La Cigale. Con dos compañeras de la facultad.
Compañera 1 - (...) Y teníamos una relación abierta, o al menos de ese modo la planteaba yo. Pablo decía que él se lo iba a aguantar, que yo me iba a enamorar de él otra vez. La cosa es que me hackeó el correo y vió... bueno, un mail que no tenía que ver.
Compañera 2 - Uhhh...
Compañera 1 - Re mal. No había cómo caretearla...
Yo - ¿Por qué? ¿Qué decía?
Compañera 1 - Y... una parte era 'me encantó cómo la pasamos en el hidro'.
Yo - ¿El 'hidro'? ¡Jajajaja!
Compañera 2 - Nooooo...
Compañera 1 - Seh. Ojo, lo adoro, muchos años juntos, ¿viste? Y no quería que la cosa terminara mal como terminó... Pero bueno, yo venía haciendo la mía desde hace rato.
Yo - Es que por ahí necesitabas algo fuerte como para cortar...
Compañera 1 - Y sí, ya era medio enfermiza la relación.
Compañera 2 - Mirá, yo hace no mucho estuve metida con un pibe, y bueno, medio que me bicicleteó, mentía. La última vez que nos vimos ni siquiera se le paró ¡Y no era la primera vez que le pasaba! Yo dije: ya fue, loco, ni para eso servís.
Compañera 1 - Qué garrón. ¿Y de dónde era el pibe?
Compañera 2 - De la facultad. Francisco se llama.
Compañera 1 - ¿Francisco qué?
Compañera 2 - Francisco Méndez
Compañera 1 - ¿Francisco Méndez? ¡Yo estuve con Francisco Méndez!
Yo - Ay, dios...
Compañera 2 - ¿Pero cuándo? ¿En diciembre del año pasado?
Compañera 1 - Siii ¿vos también?
Compañera 2 - Siii
Todas - ¡Jajajajaja!
Compañera 2 - ¡Con razón el chabón no podía verme dos sábados consecutivos!
Compañera 1 - Seh, el pibe era cualquiera.
Yo - Ustedes discúlpenme, pero esta conversación es increíble. Cuando algo así pasa en las películas yo creo que es exagerado y ahora lo estoy viendo en primera fila...
Compañera 1 - (Con lágrimas de risa en los ojos) Che... (Sonrisita pícara)
Compañera 2 - (Con lágrimas de risa en los ojos) ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Jajajaja! ¿viste?
(Se largan a reir las dos y no pueden parar)
Yo - Bueno, chicas, si no me explican no puedo.
Compañera 2 - (Risas) El pibe... cuando acaba... hace un ruido que parece que se va a morir...
Compañera 1 - (Llorando de la risa) Seeee... ¡Creo que por eso lo dejé de ver! ¡Me asustaba!
..
* Título tomado del blog de Lordcreator.
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A Gus
Vuelve a tu vida. Justo, justo en el preciso momento en que la silla había vuelto a ser silla y había dejado de ser 'la silla en la que alguna vez Ella se sentó'. Te interrumpió con todo a medio resignificar.
Entró con su estilo: sin grandilocuencia. Y no es que sea modesta, simplemente no necesita una parafernalia culposa para volver a vos.
Hay una partecita de tu cabeza -molesta, que vas a maniatar a la fuerza- que tratará, seguramente, de ponerte sobre aviso. El resto de tu cuerpo (no sabés cómo) grita por Ella como si fuera una necesidad.
No pide disculpas. El pacto tácito implica seguir donde lo dejaron. Al principio es el reencuentro de todo, el azul que era azul cuando Ella y que vuelve a serlo, algunas pequeñas magias compartidas como ese bar en el que charlaron tantas horas antes de que te le animaras a su boca.
En la vigilia a veces te preguntás 'pero ¿y todo el rencor? ¿dónde se fue?'. Dura poco, porque continuando tu cuerpo está el de Ella, que reposa como en otra dimensión. Está Ella y su abrazo, con el poder de mil amnésicos. Ella es el infinito.
Y vos de nuevo ahí, en el lugar del que te querías escapar, porque no importa cuánta predisposición haya de su parte vos vas abajo, bien abajo. Obnubilado. No sos vos, volvés a ser su cobayo, su chofer, su acompañante. De pronombre personal a adjetivo posesivo.
Lo resistís porque es el aire, el agua y todo lo demás.
Pero llega el día, inexorable. Te arranca otra vez el corazón, sin estridencias ni crueldades, porque hasta para eso es elegante. Ni lo sostiene, lo deja caer al piso y empieza a llenarse de polvo. Vos bajás la vista y lo ves ahí, ensuciándose. No sentís dolor porque no te queda nada. La mente, rápida y práctica, piensa en levantarlo, limpiarlo y correr al médico. Guardarlo en un frasco con formol -¿pero de dónde sacarías formol?-.
Aburrido de mirar ese despojo sanguinolento alcanzás a verle la espalda. Se va. Se va de nuevo.
Lo realmente triste es que, al final, ni vos ni Ella son felices.
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