Puede Fallar

sábado, agosto 20, 2011

La honestidad de la política

Los que conocen personalmente (es decir casi todos los que leen este blog, no vamos a creer ahora que soy popular o algo así) a quien escribe, saben también que soy una persona de carácter. Que me gusta opinar sobre todas las cosas y, más aún, que tengo ideas formadas sobre casi todo. Que me encanta discutir, que odio irracionalmente a los blanditos, los que nunca te dicen de forma definitiva lo que piensan, los neutrales, los suizos, los que nunca se ensucian cuando las opiniones se contraponen.

Hoy quiero hablar de política, vaya tema de moda si los hay.

Celebro la politización que estamos viviendo, me había propuesto no decir nada sobre este tema pero estuve leyendo –como todos, supongo- tal cantidad de barbaridades que me pareció útil (y catártico) retomar el blog para escribir sobre algo que me pone muy loca.

Existe una convención, una idea (mal)formada que nadie discute, y es la de la honestidad, la de creer que lo más importante de un actor de la política es que sea honesto.

Vamos a pensar un poco: ¿qué es la política? Un amigo mío dijo una vez ‘la política es la disciplina que se ocupa de poner la mierda bajo la alfombra’. Más allá de lo escatológico de la frase la idea sintetiza un secreto a voces; el político es el que media entre intereses disímiles, el que acuerda con distintos sectores tratando que el barco siga el camino del bien común.

En aras de satisfacer el objetivo, el político tiene que sentar a la mesa al comerciante, al gremialista, al mafioso, al industrial, al CEO; es decir, a cualquiera que tenga intereses en un determinado tema que tiene que resolverse.

Es cuanto menos ingenuo pensar que un funcionario es corrupto porque charla con un mafioso, o con un barrabrava o con un ladrón, puede ser corrupto pero no necesariamente por hablar con gente de dudosa calaña.

La historia está llena de ejemplos de políticos supuestamente honestos que provocaron desastres: Allende, Illia, De la Rúa. No digo con esto que ejercer un cargo público sólo es posible siendo ladrón, lo que digo es que lo más importante a la hora de ser un político es ser uno bueno. No ser un inepto, un cerrado.

La intransigencia en la política es, en definitiva, la no política. Es decirle a Moyano ‘no, a vos no te escucho’, es elegir a unos por sobre los otros, aunque estos últimos tengan mucho poder.

La resolución de cualquier conflicto de interés público conlleva acordar con todos los actores, tengan estos del nivel de honestidad que tengan. Implica llegar a un punto medio que permita un, digamos, final feliz, un final que atienda al bien común.

A nadie debería importarle que un funcionario se quedara con un vuelto, si es bueno en su trabajo. Retomando un nombre que mencioné, nadie duda de la honestidad de De la Rúa como presidente, pero tampoco se duda sobre su absoluta ineptitud.

Cuando un candidato habla mal de la CGT, o de la Federación Agraria, o del enviado del Fondo Monetario, o de los intendentes del conurbano con el único fin de mostrar su postura sobre determinado asunto, lo que está diciendo es que hay una parte del conflicto, una parte que tiene interés, a la que no va a escuchar. Y es un error, que en la mayoría de los casos desemboca en la ingobernabilidad.

Es tan descabellado un candidato de izquierdas que dice que no va a pagar la deuda como uno de derecha que dice que va arancelar la UBA. En un caso, se olvidan que los mercados internacionales pueden hundir a cualquier país, y en el otro se olvidan del poder del pueblo.

Todo esto que estoy diciendo es una explicación más o menos extensa de la famosa frase ‘no me importa que roben, pero que se lleven 10 y dejen 90 para el pueblo’.

No quiero detenerme demasiado en candidatos actuales, lo que sí quiero es transmitir la palabra: un político es bueno cuando hace buena política. Nada más.

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8 Comentarios:

  • Pero lo que decís es inaceptable. "Roban pero hacen" es inaceptable. Una cosa es tratar con mafiosos, ladrones y corruptos, y otra muy distinta es serlo. Aceptar alegremente eso es una derrota. Es contraproducente a cualquier causa, vacía de significado cualquier discurso. Lo digo como suizo, con muy pocas ganas de meterme en ese pantano medio inmundo que es la política.

    By Anonymous Frenzo, at domingo, 21 de agosto de 2011, 12:07:00 ART  

  • No, lo que quiero es cuestionar la honestidad como valor máximo en un político. No necesariamente un político es corrupto, lo que digo es que debería importar que haga buena política.

    ¿Obama, Bush, Clinton, han sido incorruptibles? No. ¿Importa? Sólo en una pequeña parte.

    Si me apurás, prefiero a un tipo deshonesto al poder que a un inepto, y ya estoy grande como para decir 'bueno, anulo el voto, la política es una mierda'. Las grandes potencias han sido pragmáticas, y el anarquismo está bien en el terreno de las ideas o cuando tenés 18 años.

    Necesitás un gobierno que gobierne, no un gobierno que administre o se vaya antes diciendo '¡pero todo esto es chanchullo, viejo!'. Claro, de eso se trata, gobernar entre el chanchullo.

    Después te queda votar modelos, y ahí la elección es ideológica y personal.

    Saludos,

    By Blogger Apollonia, at domingo, 21 de agosto de 2011, 15:45:00 ART  

  • Pero lo que planteas es una falsa dicotomía, no hay porqué elegir entre honestidad y eficiencia (no siempre). Nadie dice que no haya que transar. Claro que hay que transar y que hacer política es ensuciarse. Pero es un error enorme consentir el afano. No se puede decir "a nadie debería importarle que un funcionario se quedara con un vuelto, si es bueno en su trabajo", porque sí que importa, y mucho. Apoyo a los K desde hace años, pero a los tipos que se quedan con los vueltos hay que echarlos porque terminan emputeciendo todo. Y no lo digo porque tenga una concepción naif o idealista de la cosa política. Abrazo.

    By Anonymous Frenzo, at domingo, 21 de agosto de 2011, 21:45:00 ART  

  • Estoy de acuerdo con lo que decís, lo que pasa es que tengo en la cabeza la idea de que nadie es incorruptible, y menos los políticos, que se cruzan con financistas de los buenos.

    La dicotomía que mencionás la planteé a fines ilustrativos, porque para mí son todos corruptos: todos tienen bienes por más de 5 millones de pesos, todos tienen un sobrino con cargo en el senado, etc. Todos.

    Partiendo de eso, y descontando la idea de que no es posible un país sin Estado y un Estado sin gobierno, me quedo con el mejor político a la hora de votar, porque la honestidad no es mi primera exigencia. Eso no quita que si agarrás a un Jaime con las manos en la masa no le caigas con todo el peso de la ley, al contrario, hay que matarlo, en eso estoy de acuerdo.

    Abrazo,

    By Blogger Apollonia, at lunes, 22 de agosto de 2011, 10:53:00 ART  

  • No sé, concuerdo con la idea de Frenzo de no respaldar las acciones de gobierno a costa del choreo. Acá se afanan el 90% y con el diego debaten lo que van a hacer.

    By Anonymous Anónimo, at martes, 23 de agosto de 2011, 19:07:00 ART  

  • Mi intención, de todos modos, no fue la de respaldar las acciones de un gobierno a costa del choreo, sino la de cuestionar la honestidad como el primer valor a buscar en un político.

    By Blogger Apollonia, at miércoles, 24 de agosto de 2011, 08:41:00 ART  

  • Lo que no entiendo es ¿por qué siempre estamos discutiendo sobre la honestidad?

    By Anonymous Anónimo, at miércoles, 24 de agosto de 2011, 11:23:00 ART  

  • Leí hasta que mencionaste a Illia y lo asociaste con ineptitud.
    Ahí me dije: a este pobre hombre -además de la falta de conocimiento- lo mata el relativismo moral.
    Dejé de leer, escribo estas líneas y chau. Suerte.

    By Blogger Arturo, at jueves, 5 de abril de 2012, 01:55:00 ART  

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