Puede Fallar

martes, mayo 06, 2008

Alemania


Se dio como una sucesión de eventos, de esas cosas pequeñitas que no significan nada por sí mismas pero que al combinarse con otras hacen un universo, un país.

Un recuerdo, un libro, un señalador, y en ese orden.

No sé por qué pero venía pensando en la historia de mi abuela Amelia. Y cuando digo esto se define unívocamente un relato extraño, que a veces parece genial y otras bastante triste. Cuenta la leyenda que mi bisabuela Berta estaba casada con Ernest, un alemán que trabajaba en la cervecería Bieckert. Eran un matrimonio bien de la época: Ernestito se apersonaba por su casa una vez cada tanto, con la frecuencia necesaria como para embarazar a su mujer y luego desaparecía por meses enteros. Cada vez que nacía uno de sus hijos, él no se molestaba: desde la silla de su oficina llamaba a alguno de los empleados de la fábrica y los mandaba al Registro Civil, para que anotaran a los bebés.

No quiero hacer mucha especulación histórica pero me imagino que a principios del Siglo XX un obrero de fábrica apenas si sabía leer y escribir… y casi que me figuro a El Alemán, diciendo algo así como:

- Usté, Ortiz, vaya a anotarme a mi hijo. Póngale Martín Enrique.

Y entonces Ortiz sale de la Bieckert y se va para la oficina del Registro Civil en el centro, y, llegado su turno, dice:

- Sí, vengo a declarar un nacimiento… Sí, el día de la fecha… Sí, el nombre es Martín Enrique Vwburnagfichhh. Eh, sí, sí, era… Doble v, i latina, e, de, erre, i latina, ceache. Sí, sí, eso, Wiedrich.

Por esas cosas del destino, cuando nació Amelia María Luisa, el empleado la anotó como Biadrich, y mi abuela pasó a tener un apellido distinto al de su padre y hermanos, cuestión que luego le produjo un montón de problemas legales, pero eso ya es otra historia.

Pensaba en estas cosas justo antes de acostarme. Mientras me acomodaba, abrí Rainer y Minou, un libro de Osvaldo Bayer que me regaló El Ingeniero y que cuenta una historia de amor entre el hijo de un SS nazi y una judía, durante la década del ’70, en Berlín.

Mientras miraba por enésima vez la foto de la tapa (que es sencillamente hermosa), me percaté de la tercera casualidad de la noche: sin querer había estado usando como señalador el envoltorio de un bombón que El Ingeniero me obsequió, recuerdo de uno de sus ya numerosos viajes a las tierras de Ernesto.

Tal vez después soñé con trenzas y frío, con cerveza y salchichas, pero eso sería inventar.

Fueron, como dije, cosas chiquititas: un recuerdo, un libro, un señalador.


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sábado, abril 19, 2008

Aire



El responsable en arrimarnos a todo fue Lu, que había traído de las europas -si mal no recuerdo-, Virgin Suicides y Moon Safari, en una caja incómoda y hermosa. El enamoramiento no fue casual: eran Air y era Lu, que fue el primero en un montón de cosas.

El disco de Virgin Suicides vino pegado a la peli. O, para mí, quedó pegado a la película. Una historia maravillosa, un film que me deslumbra pero que, por esas cosas de la vida, nunca vi entero -siempre desde el mismo lugar, Cecilia acaba de morir y quedan las cuatro hermanas.

Pero no es sólo eso. Playground love era nuestra canción con A., mi primer gran amor. Ahora que está de moda, confieso que fue el último lento que bailé. Con él, los dos en el living de su casa, tratando de no hacer ruido. Era la cuarta vez que salíamos y la primera que me invitaba al departamento en el que vivía con su familia.

La película me puede. Mal. Las otras cosas que hizo Sofía Cóppola no tanto, pero Las Vírgenes Suicidas es una maravilla.

Entonces hoy es viernes, y por motivos que no vienen al caso se pinchó un plan, y vengo a cenar a casa -que es la casa de mi madre, que es la casa de mi hermano-, pero ahora que estoy vieja igual me contento con que haya unas empanadas de carne y una cerveza.

Y encuentro justo esta película, y recién se murió Cecilia. Entonces me tomo toda la cerveza sola en la cocina y me como cuatro empanadas. Para el momento del baile, Rusia (mi perra), llora. Entonces, como me encuentra en un momento raro, a la vez triste y encantada y entonada, en lugar de gritarle el clásico '¡A cucha!', me levanto y le hago unos mimos. Ella pone todo su cuerpo peludo que debe pesar lo que mi cuerpo, y lame mis manos y mis brazos mientras la acaricio.

Cuando me canso la despido, y sigo mirando. Por suerte me ahorro lo de Lux despertándose en el campo de fútbol americano sola y confundida. Como soy una jodida, me lavo las manos y los brazos para quitar cualquier resabio de saliva perruna.

Me agarra frío, enciendo una hornalla y me caliento.

Aquí un escritor medianamente virtuoso daría un giro final más o menos nostálgico, y cerraría la crónica. Yo no puedo hacer eso porque a mí no me salen las cosas así, redonditas. Cuando me sequé las manos en la hornalla me quemé todos los pelos del brazo, y me dí cuenta cuando el olor era ya insostenible.

Un litro de cerveza en una persona de mi tamaño debe ser mucho.


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lunes, abril 07, 2008

Y que no se me cumpla ninguno


En estos últimos días tuve sueños muy muy raros...
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UNO. Teníamos que bañar al gordo Porcel (q.e.p.d.), entonces el tipo se tiraba desnudo en la calle, sobre el asfalto, y tres o cuatro personas lo manguereábamos. Una imagen horrible.

DOS. Me empezaba a picar la cabeza, producto de una pediculosis galopante -y lo más curioso es que nunca sufrí el flagelo, ni siquiera cuando chica. Aterrada, lograba capturar a uno de los bichitos y, al mirarlo con detenimiento, caía en la cuenta de que en realidad no se trataba de un piojo, sino una vaca de proporciones infinitesimales. Sí, una vaquita en miniatura, ¡viva! Al repetir la operación iba sacando otros animalitos: caballos, toros, perros, cebras, conejos. Todos salían de entre mis cabellos y yo los ordenaba sobre una mesa sin saber muy bien qué hacer.

TRES. Vamos a almorzar tallarines caseros a lo de mi abuela Carmen. Suena el timbre, y aparece Lito Nebbia, quien vaya uno a saber cómo estaba invitado al evento. Me pongo contenta y nerviosa, y luego de los saludos de rigor le digo la siguiente estupidez:

Yo - Che, Lito, Los Gatos eran geniales, pero eso de 'Chica del paraguas, cierra tu paraguas...' fue re ladri, ¿no? Cada vez que la escucho me acuerdo de la canción de 2 Minutos 'Miro por la ventana, es un día gris. La lluvia que cae sobre el cemento gris' ...*

Lito - Sí, totalmente.

Un capo, Lito.

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*Sí, ¡por dios! ya sé, ¿cómo voy a comparar a 2 Minutos con Los Gatos?
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jueves, abril 03, 2008

Mediocampo

Yo - Ayer, ni bien terminó el discurso de Cristina, te llamé a tu casa
para charlarte del conflicto pero me daba ocupado.
Natanael - ¿Y de qué me querías hablar?
Yo - Estoy sacada, los odio a todos, voy a salir a quemar campos.
Natanael - Estás cada día más peronista vos...
Yo - No, soy gorila pero no soy obtusa.
Yo - Ayer, ni bien terminó el discurso de Cristina, te llamé a tu casa para charlarte del conflicto pero me daba ocupado.Natanael - ¿Y de qué me qo - Estoy sacada, los odio a todos, voy a salir a quemar campos.Natanael - Estás cada día más nista vos...Yo - No, soy gorila pero no soy obtusa..
Desde que empezó el problema del campo que intento escribir algo conciso y honroso sobre mis ideas, pero no puedo evitar caer en un berenjenal de cuarta, en el que termino gritando consignas idiotas y frases hechas, más cercanas a la arenga futbolera que a otra cosa. Y aunque este es un espacio personal y arbitrario, absolutamente subjetivo, hay cosas con las que me pongo más seria, que trato con más cuidado -por moral, por karma, qué se yo.
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La lectura mediática del conflicto es tramposa porque permite sólo dos veredas: a favor (y entonces uno es pro-terratenientes, pro-modelo de país agroexportador) o en contra (y eso te convierte en kirchnerista y compañero de Moyano). Pero ya Diéguez lo explicó mejor.
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Lo que quiero decir es otra cosa, algo más de borde, digamos. La clase media, como sector socioeconómico, me sigue sorprendiendo. Se pliega al reclamo del campo y, relamiéndose, corre voces de 'este gobierno no llega al mes de julio' y '¡Que se vaya!' de un modo tan asqueroso que da náuseas. Yo no voté a Cristina, pero como habito en la Argentina espero que su mandato sea fabuloso, porque eso beneficiaría a todos, ¿no?

Para la clase media, sin embargo, no. Ellos no la votaron (permítaseme esa generalización) y la idea de que los gobierne alguien a quien desprecian los pone locos; prefieren que el país colapse, que haya paros generales y saqueos y que el presidente elegido por voto popular tenga que abandonar el gobierno sin terminar el mandato, casi como los chicos caprichosos que no saben perder.

Desde que soy muy pequeña que escucho a Padre decir 'Bueno, malo, pésimo, genial, no importa. Que el gobierno constitucional termine el mandato. Que los aten al sillón de Rivadavia, pero que terminen. Es la única forma de mejorar'.
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Pensé, no obstante, que con toda la mochila histórica se había aprendido algo, pero no: la clase media sigue siendo golpista.


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lunes, marzo 31, 2008

Palabra de El Ingeniero

(Textual)
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Acá le mando un material para su blog ! Regocijese !Besos ! Pongamos que es una curita para que sane todo todo
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Que así sea.


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miércoles, marzo 12, 2008

Cosas que importan

Ella - Bueno, y después de lo que le dije el otro día no sabés, se puso medio loco... Intentó verme lo antes posible y cuando finalmente nos vimos casi que practicamos todo el Kamasutra.
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Yo - Entonces cambió lo que le pediste que cambiara.
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Ella - Sí, totalmente... ¡y con unas ganas...!
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Yo - Es increíble.
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Ella - ¿Que cambiara? ¿Por qué?
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Yo - No, no, los hombres son increíbles. Podés repetirles una y mil veces que cambien algo que te jode o te lastima y ni bola. Ahora, cuando tu crítica tiene un leve matiz sexual no le dan las piernas para correr y hacerte cambiar de parecer. Es de no creer...
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Ella - Sí...
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Yo - Pensalo: a un tipo le sugerís que es un mal amante y no puede pensar en otra cosa, se vuelve loco. Pero si en cambio le decís que es una mala persona con lágrimas en los ojos, no te da pelota y empieza a hacer cuentas mentales de lo que tiene que llevar para el asado con los amigos.
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Ella - Es verdad.
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Yo - No soportan el mero rumor de que son malos en la cama, pero caminan de lo más campantes aún si todas las esquinas del barrio proclaman que es un hijo de puta...
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martes, febrero 26, 2008

Ideas


En un cálido homenaje a este blog intenté dejar por escrito esas maravillosas ideas que uno tiene poco tiempo después de fumar algo, y lo único que recogí fue lo siguiente (textual):

Categoría para el tutti-frutti: 'Cortes de carnes', ejemplo: bola de lomo, bife ancho, cuadril, palomita, etc.

Nombres para bandas punk: 'Hueso pal' perro' y 'Revuelto gramajo'.

Además de comprobar que las ideas generadas no son tan geniales como me parecieron en el momento en que las escribí, puede percibirse un notable efecto munchis.

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martes, febrero 19, 2008

No, así no



Resulta que no se nos dio con Pulp, pero ahora sí viene Jarvis Cocker a la Argentina. Igual no podemos saltar de alegría porque tiene programado un show en un lugar pequeño como es La Trastienda, y las entradas rondan los $ 400.

Y a ver si entendemos esto: ni siquiera es un precio prohibitivo, es insano, es de delirante, es de idiota; ese valor supera el precio que se paga por ese tipo de show en cualquier otra parte del mundo.

No pudimos disfrutar de la maravilla de Pulp en vivo porque nunca nos visitaron, y me prometí que si Jarvis venía solito iba a ajustarme el cinturón y pagar lo que sea, pero esto no, muchachos, esto es un abuso.

Si están tan indignados como yo, les pido, les imploro que firmen el petitorio online para reprogramar el evento en un lugar más grande, con precios medianamente cercanos a la realidad.

Ahora, de verdad, vos, sí, a vos te hablo, personita que te encargás de organizar esto ¿en qué planeta vivís? ¿No tomás café, no comprás Cocacolas? ¿No salís de Nordelta? ¿Por qué no te venís un rato a Lugano y charlamos -yo invito la cerveza- así te explico cómo son las cosas? Venite. Te juro que no te hago nada, dale.

Idiotas. Los voy a matar a todos.


Endúlzame los oídos:



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miércoles, febrero 13, 2008

Mi nuevo programa favorito

No sé si alguien reparó en el hecho, pero yo creo que el mejor programa de la televisión argentina es el que se emite (se repite, en realidad) los sábados en la madrugada (domingos muy temprano si queremos ser estrictos) por Volver: Badía y Compañía.

Mi nuevo plan sabatino es cenar opíparamente, fumar algo y verlo al Cabezón (al verdadero Cabezón, no a Tinelli). Y hay muchos motivos, a saber:

1 - La primavera democrática. Debo aceptar que es un tópico recurrente en mí, pero es que los ochentas están tan embargados de ese perfume que es inútil escaparse. Badía y Compañía supo tener un segmento en el cual un panel de estrellas periodísticas (entre los que recuerdo a Dorio, Alan Pauls, Mario Mactas y Tinelli, por ejemplo) entrevistaban a alguna figura política de relevancia. Tuve la suerte de ver reportajes a fondo de Caputo, de Irma Roy ¡y de Menem!

2 - Recitales en vivo. Atención: Charly García -cuando todavía tocaba-, Virus, Fito Páez, Spinetta, Sandra y Celeste, Los Enanitos Verdes (¡con club de fans y todo!), Ignacio Copani, César Banana Pueyrredón, Los Pericos. Ningún playback, eh. Lo que sí, en el estudio les tiraban humo a lo pavote.

3 - Juan Alberto lo hizo primero. Shows de patinaje sobre ruedas, cantantes ignotos, bailes típicos y de vanguardia (tengo testigos).

4 - La estética 80's. Impagable. Si tienen la suerte de verlo el próximo sábado presten atención a un mueble en la esquina izquierda de la pantalla que asemeja -me parece- una mesa de bar, pintada de blanco y con un helecho encima. Maravilloso. La indumentaria de Juan y de Mario (Mactas) y de los cantantes, bailarines y domadores de dragones invitados es genial. Las animaciones de las placas del programa, la cortina 'Badííííííííííííaaaaaaaycompañíííííííííííííáaaaa' en un falsete abismal, y los coros 'Badapapapapá, badapapapá'. Me muero. Además hay otra cosa, y tal vez algún lector conocedor del asunto pueda acercar una ayuda, y es que el tono de la imagen en general es oscuro, como si faltaran colores. El público, hay que decirlo, merece un capítulo aparte.

5 - El público. ¡Tanto pelo! ¡Mucho pelo, por dios! Y tan respetuoso y entusiasta. Mucho color pastel, hombreras y remeras enormes.

6 - Juan Alberto Badía. Es un capo, es como Sandrini, que te hace reír y llorar a la vez. Empieza a hablar de cualquier tema y se pone sensible, te cabecea, hace pausas y sonríe, le habla al público y al televidente... Me mata, quiero tener un tío como Badía.

7 - Colaboraciones. Muchas y variadas, ahora lo único que se me viene a la cabeza es el infaltable espacio del profesor Lambetain y algunas apariciones de Paolo El Rockero.

8 - Botón de muestra. Hace unos quince días Lu, El Ingeniero y yo estábamos atentísimos escuchando las preguntas que Juan Alberto y Mario le hacían a Guillermo Vilas en un reportaje a fondo (situación: Vilas sentado en un sillón sobre una tarima con una mesa ratona al lado, Badía y Mactas al ras del suelo, de pie, la media hora que duró la charla), y el tenista, que es un auténtico idiota, luego de comentar que estaba en pleno proceso de grabación de su disco -chequeen el tema Tu eres para mí-, se despacha con la siguiente frase:
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'Hubo un tiempo en el que nadie era famoso'

(Posta. La anoté en un papelito y la pegué con imanes a la heladera).
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De yapa, y para que nadie me diga mentirosa, Virus en vivo en Badía y Compañía 1988, con Pronta entrega:



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jueves, enero 31, 2008

Indeseables de Puede Fallar

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Figurita 5: Fernando Por Favor Callate Ruiz Díaz
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viernes, enero 25, 2008

A ver la tapa...

No sé qué año sería, pero si me decís 1989 te diría que es probable. Madre, que para esa fecha no había perdido la cordura y todavía leía literatura, nos había llevado a Hermano y a mí a una feria del libro infantil y juvenil –me parece incluso que fue la primera que se hizo.
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Me acuerdo de algunos detalles casi inverosímiles: hojear libros de Pipo Pescador en un stand de Hispamérica, hacer un dibujo en otro stand que ganó un premio –era un dibujo rechoto, de un libro abierto, del cual salían flores, paisajes, personas, herramientas, explosiones, animales, armas, y abajo decía algo así como ‘todo está en los libros’- y por el cual felicitaron a mi madre (una locura, ya sé), y casi nada más.
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El arte de tapa suele ser, al menos para los discos, un poderoso criterio de selección porque en el fondo es un reflejo de la búsqueda estética del artista. Pongamos por caso los trabajos de Bersuit Vergarabat; el arte de tapa de sus trabajos es crudo, elemental y explícito, como su música. Este mismo criterio suele ser inútil para elegir libros, porque en la mayoría de los casos no es el autor sino la editorial quien se ocupa de esas cosas. En los libros infantiles, sin embargo, muchas veces el escritor mismo ilustra sus trabajos o elige al ilustrador, de modo que se podría optar por un libro en función de cuánto nos gusten los dibujos que acompañan la historia, si creemos eso de la búsqueda estética.
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No me fui por las ramas, che. Qué impacientes se ponen a veces. Lo que dije viene a cuento de que ese día Madre compró Cuentos de Vendavalia, de un tal Carlos Gardini, porque yo me había quedado prendada de sus ilustraciones.
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Y no me equivoqué, los dos cuentos que forman el libro (que aún conservo y del que extraje las ilustraciones de este post), titulados El pájaro del amanecer y El palacio al revés, son dos historias maravillosas.
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Los años pasaron (han pasado terribles, malvados, dice el tango). Un par de semanas atrás fui al Parque Rivadavia a comprar un libro para regalar (Un mundo feliz, de Huxley), y por estas cosas de ser una chica, de no estar en vena para el regateo y de ir un martes a la mañana, cuando no hay nadie, el librero me dice:

- Me caés muy bien. Te voy a regalar un libro de yapa. Elegite alguno de estos dos - Y me alargó dos libritos de la colección de Página/12 de Literatura Fantástica y Ciencia ficción.

Expresé alguna que otra protesta tibia (‘no puedo aceptar esto’), pero por puro formalismo.
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Me encanta la ciencia ficción, pero no conocía a los autores de los libros que me extendía el muchacho, así que le dije que eligiera él.

- Mirá – me dijo – no los leí, y no conozco a los autores, así que no puedo recomendarte ninguno.

- Bueno – le contesté. El arte de tapa es el mismo en toda la colección, pero me gustan más estos colores… - dije, mientras señalaba el de la izquierda, que tenía blancos, verdecitos y turquesas.

Volví a casa y ese librito estuvo guardado, esperando que le llegara el turno de lectura.

Finalmente lo agarré anoche, y a pesar de que sólo leí unas 20 páginas, El libro de las voces ya me enamoró. En el prólogo me enteré que el autor fue traductor de relatos de ciencia ficción en la archiconocida revista de género El Péndulo, y que escribió varias novelas y algunos cuentos de literatura infantil, entre los que figura, como podrán imaginar, Cuentos de Vendavalia.

Carlos, sin querer pero algo nos une, eh. No te hagas el gil.
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martes, enero 15, 2008

Dos delirios

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Tal vez sea la cantidad de tiempo que paso arriba de un colectivo, o no, pero tengo dos ideas relacionadas con este medio de transporte que hace rato me dan vueltas en la cabeza.

El colectivo circular
El recorrido no tendría principio ni fin. No existiría el concepto de 'terminal', sólo un número fijo de paradas en un trayecto que se repetiría sin cesar. El pasajero que se 'pasa' de parada puede optar por esperar el tiempo necesario hasta que el colectivo retorne a la parada de interés (el boleto se pagaría una única vez, al abordar el vehículo, y no se vería afectado por el trayecto realizado). Los choferes terminarían los turnos una vez transcurrida determinada cantidad de vueltas a partir de un punto fijo, lugar donde se realizaría el relevo.

El bondi loco
Un día al año el Estado estipula, cual festividad, 'El día del bondi loco'. En esa fecha, el pasajero aborda el colectivo en su esquina habitual pero sabiendo que puede haberle tocado en suerte un bondi loco. Si sube a un colectivo que no es el bondi loco, será un día como cualquier otro. Si en cambio -y sin saberlo, porque el factor sorpresa es determinante- le toca un bondi loco, en algún momento, y sin aviso previo, el colectivo se separará del recorrido normal para ir por cualquier otro sitio. A partir de ahí los pasajeros no pueden descender del vehículo (excepto casos de emergencia), y después de dar un par de vueltas se encontrarían con otros contingentes de bondis locos en, por ejemplo, Luján, y todos disfrutarían de una choripaneada. El factor bondi loco sería aceptado como motivo de falta y/o de llegada tarde en cualquier trabajo.


Ilustración de Rodrigo Folgueira, tomada de esta página.
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martes, enero 08, 2008

Ropa negra, maquillaje, botas...


Qué jodido ser dark en verano.
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viernes, diciembre 28, 2007

El amor no es 100% cuántico

A El Ingeniero

Muchos de los fenómenos que ocurren en la naturaleza, como la fotosíntesis de las plantas, o que forman parte habitual de la vida humana, como el funcionamiento de una lamparita eléctrica, involucran un proceso aparentemente simple pero fundamentalmente complejo y hasta increíble. Este proceso consiste, para decirlo de un modo sencillo pero sin faltar a la verdad, en un salto de electrones.

Vamos por partes.

No sorprendo a nadie si digo que los átomos están formados por un núcleo de protones y neutrones, y, girando alrededor, encontramos a los electrones. El número de electrones (y por consiguiente el número de protones) de un átomo depende del elemento en particular. El Hidrógeno, por ejemplo, tiene menos electrones que el Cobre.
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Cuando se entrega energía a un átomo –por ejemplo en forma de luz o de calor-, es posible excitar a alguno de los electrones más externos (más lejanos al núcleo) a un estado de energía superior. En los casos más sencillos, ese estado excitado es inestable, por lo que el electrón vuelve al nivel de energía del que partió (o estado fundamental), y en ese proceso libera energía en forma de, por ejemplo, un fotón (luz).
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Hasta aquí nada para desvelarse. Lo asombroso es que para excitar al átomo (o lo que es lo mismo, a sus electrones), es preciso irradiarlo con la energía exacta que produce el cambio de estado. Supongamos que –en unidades arbitrarias- 0 corresponde al valor de energía del electrón en su estado fundamental, y 3 al valor de energía de su estado excitado. Si no se irradia al átomo con una energía de 3, el proceso no ocurre. Le puedo dar 1, 2, 4, 10000, 100000, que no va a ocurrir. Le puedo dar 2,99999, y tampoco. Esta característica indica que la energía está cuantizada –es decir que se encuentra en forma de ‘cuantos’ o de paquetes de energía- que es discreta, que no pertenece a un continuo. Y de ahí todos los nombres derivados: mecánica cuántica, física cuántica, lo que quieran; la base es la misma. Si el tema sigue pareciendo escabroso, déjenme ejemplificar por oposición. Supongamos que la energía fuera continua y no discreta; entonces, al irradiar al átomo anterior con una energía de 6, obtendría un salto que, por ejemplo, doblaría al original, si con 1,5, el electrón saltaría la mitad, y así sucesivamente.
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Esta partícula loca (que gira todo el tiempo, que es chiquitísima) es mala gente. No le importa lo que te cueste hacerle un regalo, si no recibe el paquetito que precisa te ignora completamente.
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Natanael suele decirme que él es feliz porque no espera nada, porque casi todo le viene bien. Que la gente está mayormente insatisfecha porque espera todo el tiempo cosas de los demás, que nuestra felicidad no debe depender en absoluto de cosas ajenas a nosotros mismos, porque son imponderables.
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Mi amiga Caro es todo lo contrario, cual electrón de última capa, tiene ideas férreas sobre casi todas las cosas y no tiene problemas en bajarse del barco si la gente no responde como ella espera. Porque, según dice, tiene que ser lo que tiene que ser, y es absurdo aceptar cualquier cosa del otro.
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Cuando era chica me parecía más a Caro, después fui cambiando –me fui haciendo más insegura- y ahora estoy a medio camino. No creo que haya que esperar la palabra exacta del otro, ni que necesariamente cualquier cosa recibida esté bien. Creo que casi todo es más o menos charlable, que las relaciones humanas son fundamentalmente continuas (donde todo puede consensuarse), con toques de cuanticidad: existen ocasiones en que hay que hacer el gesto exacto, dar la energía precisa, la palabra perfecta, la cifra –diría Borges- justa si se quiere obtener el resultado esperado. Momentos en los que una respuesta levemente distinta de la que anhela el otro, incluso, puede desatar el caos.
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Sobre todo en el amor, no es lo mismo jazmines que bombones, un abrazo que un beso, un silencio que una declaración.
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Pero no desesperemos. Cuando seamos medio zapallos para leer al otro, para aventajarlo, para adelantarnos a sus anhelos, siempre será válido recurrir al golpe de efecto, a lo inesperado, a la parte continua. Siempre podremos decir, por ejemplo, ‘che, ¿por qué no nos vamos a vivir juntos?’ porque total que para mí las relaciones humanas no son puramente cuánticas, y si damos más, creo, el salto energético obtenido será mayor.
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Los españoles de La Monja Enana, sin embargo, difieren. Escuchen si no su canción Amor cuántico:


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martes, diciembre 18, 2007

Principio catorce


Las personas mayores de 15 años cuya imagen para mostrar en el msn es una foto de ellos mismos*, tienen problemas.


*por lo regular en poses como 'mirá qué lindo/a que soy'.



Ver el principio trece.

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miércoles, diciembre 12, 2007

Se acaba el mundo

Anoche mi Hermano, viendo que el tiempo pasaba y yo seguía con la tesis y ni me asomaba por la cocina, se me acercó y me preguntó:

-¿Querés que te prepare algo de cenar?
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Posta. Tengan sexo sin globito con cualquiera, no respeten los semáforos, mezclen sandía con vino.
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Se viene el apocalipsis.
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jueves, diciembre 06, 2007

Gente trabajando


Estoy escribiendo, no crean, pero sólo lo que voy a exponer en unos días, cuando presente la tesis.

Así que eso, supongo que estaré ausente, a no ser que me tome por sorpresa alguna inspiración (sería la primera vez) o ganas impostergables de decir alguna burrada (sería lo que siempre).

Pero no se vayan, volveré y continuaré diciendo las mismas estupideces de siempre.

(Ilustro con un grafiquito del trabajo)

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miércoles, noviembre 28, 2007

Que alguien me explique

Qué hacía esto entre los collares de mi abuela (quien no tenía la menor idea de qué era):
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miércoles, noviembre 21, 2007

La estadística hace que cualquier delirio parezca serio

Durante estos días que pasaron (en los que no escribí nada pero rendí el último final de una de las carreras) estuve pensando una y otra vez sobre un tema bastante personal pero también... trillado, digamos. La cosa es ¿qué tan mala, o qué tan buena es mi vida? ¿Veo siempre el vaso medio vacío por vicio o simplemente soy realista?

Hay mucho de escuchar música pop y ser infeliz, lógico. ¿Pero hasta qué punto es solamente una postura?



Profeso una teoría extraña, en cual la probabilidad de la felicidad y de la suerte se ajustan a una distribución normal, a una campana de Gauss, y me ubico en el extremo de la curva. Para clarificar un poco: pienso que hay una cantidad finita de cosas buenas, y que si a alguien le va muy bien, para mantener el equilibrio universal, a otros les tiene que ir mal -o a otro muy mal. Pero además estoy casi convencida de que existe gente que tiene buena estrella, lo que por transitividad implica que la felicidad no es aleatoria -hoy me va mal a mí y bien a vos y luego se invierte- sino que las buenas cosas le pasan casi todo el tiempo al mismo grupo de personas.

Hace no mucho mi jefa me dijo que ella tiene mucha suerte con todo, que de algún modo los factores se ordenan tarde o temprano en su mejor beneficio. Mientras lo decía no podía evitar pensar que ella era feliz a mis expensas, que ahí estaba yo (y otros tantos, claro) sosteniendo con nuestras viditas el equilibrio de todos los mundos conocidos y por conocer.

Como de cualquier modo soy metódica y me precio de poner a prueba incluso a mis propias teorías, estuve haciendo una lista mental de por qué mi vida podría ser la envidia de cualquiera:

- hace por lo menos dos años que no tengo necesidad de despertarme ningún día antes de las 11 de la mañana.
- estoy a punto de recibirme de una carrera científica y pienso pasar los próximos cuatro años haciendo el doctorado en lo que me gusta.
- tengo libre los viernes desde hace unos 3 años.
- hago casi todo el tiempo lo que quiero.
- excepto cuando doy clase, no tengo que cumplir horarios.
- trabajo en lo que me gusta.
- tengo muchos y buenos amigos y un chico que dice que me quiere.
- no tengo problemas de peso.
- puedo manejar el tiempo como para cagar siempre en mi casa.

Si me esfuerzo, claro, podría enumerar un montón de cosas no tan agradables, pero se parecen más a temas psicológicos (y vaya si me molesta ese término) que a hechos concretos.

¿Y entonces? ¿En qué quedamos... ?

Hoy, sin embargo, tuve una iluminación. Mi jefa volvió de un congreso en Brasil, en el que presentó mi trabajo de tesis de licenciatura. Entre unos 160 participantes, ganamos el segundo lugar, una linda plaquita de metal.

Entre los '¡Te felicito!' y los '¡Qué bueno!' Pensé: número dos en tu lista, siempre.

Y que no se malinterprete; el premio es genial -y en realidad ni siquiera me importa-, pero me dio para pensar. Es así, siempre soy un casi en todos los campos, un desempeño honroso pero no magnífico, un sí pero no tanto.

Porque vamos, nunca, nadie, jamás se acuerda del subcampeón.
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miércoles, noviembre 07, 2007

Hacia un correcto uso de las cosas # 1

Con La mafia del mate amargo intentamos informar a la comunidad sobre el modus operandi de una secta demoníaca.

Pero PuedeFallar no se queda en la denuncia, no. Traemos soluciones.

En otra demostración de nuestro compromiso ineludible con la sociedad toda, a continuación trataremos un tema de suma importancia.

Pongámoslo en estos términos, Ud se ve en la obligación de tomar un ascensor, pero hoy no es su día de suerte, y en lugar de encontrar un único botón, se encuentra con esto:
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Te rri ble.

Primero, el espanto; luego, el pánico. Por último se dice a sí mismo 'Mejor que so-sobre y no que fa-falte, apretemos todos'.
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¡No! ¡No lo haga!
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No. No. Es difícil, pero no imposible.

Los complicados cerebros que desarrollaron tan vil aparato, pretenden que uno, inocente ser de la naturaleza, lo utilice de este modo:

- Si quiere subir, oprima solamente la tecla que contiene la flecha hacia arriba:



- Si, en cambio, desea bajar, oprima la tecla que contiene la flecha hacia abajo:



No desespere si observa que el cubículo pasa de largo por su piso, significa que el ascensor lleva el sentido inverso al que Ud solicita.

Puedefallar, firme junto al pueblo, o un toque de atención para la solución blogguística de los problemas de los argentinos.


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