La verdad...
En el medio -intempestivamente- me cerraron la canilla de la felicidad, y ahora esas palabras y fotos ya no hablan de mí, sino de lo que yo era.
No me encuentro en ningún lado, ni siquiera acá.
Etiquetas: amor, cosas que pasan, yo
Etiquetas: amor, cosas que pasan, yo

Etiquetas: cosas que pienso


Etiquetas: cosas que pasan, drogas, facultad, idiotas
Etiquetas: cosas que pienso, hijos de puta, la puta que los parió, los malos, los mato a todos, noventas, peronistas, yo
Etiquetas: Chiche, peronistas
Como la gran mayoría de los habitantes del planeta, siento un placer inmenso (y culpable) con películas de
Ayer pensaba en esto y, de la nada, recordé a Damián, un pibe con el que cursé toda la primaria y parte de la secundaria, hasta que abandonó el colegio.
De chicos nos llevábamos bien, él era aplicado, buen amigo y corría rápido, y era todo lo que importaba.
Con el paso del tiempo nos fuimos distanciando y ya en el secundario, a pesar de compartir el aula todos los días, casi ni hablábamos. Supongo que el comienzo del fin para Damián –especulando, porque nadie supo qué le pasó después- fueron los granos.
Sí, los granos. La adolescencia le llegó con todo y su cara se cubrió de acné. No fue el único, lógico, pero la clase entera lo tomó de punto y empezaron a apodarlo ‘Puaj’. Si había un silencio, alguien gritaba ‘¡Puaj!’, y todos se reían.
- Che, Puaj, prestame el Liquid…
Su nombre quedó en desuso, reemplazado por una expresión que representaba el asco y, a la vez, el supuesto ruido generado por la explosión de los granos.
Lo cuento acá y suena gracioso y triste, pero en rigor todos teníamos nuestra mota, y sufríamos apodos más o menos hirientes (Elfo sin nombre era Green por su color verdoso; Natanael era Barney de los Simpsons, por sucio; a Matías le gritaban ‘Fifito, ¡la leche!’ por ningún motivo en especial). Y cosas por el estilo.
Si mal no recuerdo, en algún momento de tercer año Damián empezó a faltar. Un día vino su madre y nos dijo que fuéramos a su casa a hablarle al muchacho, que había pateado el tablero, que juraba nunca más pisar el colegio, que ella estaba desesperada.
Para esa altura creo que a Puaj no le quedaba ni un amigo en todo el curso.
La estupidez adolescente, de cualquier modo, es un lago sin orillas así que, creyéndonos en otra de esas aventuras de la hora de la siesta fuimos unos 25 compañeros (la mitad de la clase) a la casa de Damián, escoltados por su madre, a pedirle que volviera.
De ese momento no tengo imágenes fidedignas, pero recuerdo algunas sensaciones: todos los concurrentes con el uniforme del colegio, agolpados en un pequeño living, con más ganas de reírnos que de darle apoyo al chico. Como en una burda intervención, él se enojó, nos decía que no iba a volver a la escuela y que por favor nos fuéramos. La madre, a punto de llorar, le pedía al hijo que nos escuchara, que lo extrañábamos.
El Loco Andrés siempre estuvo loco, y sin miedo tomó la posta y dijo ‘dale, Puaj, no seas boludo’. O algo así, a esta altura no tiene importancia.
Damián no quiso hablar con nadie, y nos fuimos.
Esa fue la última vez que lo vi.
Etiquetas: cosas que pasan, Elfo sin nombre, historias, Natanael
Odio sobremanera que la gente me hable en la calle. Que personas que no conozco (y que no me interesa conocer) quieran quejarse conmigo de lo lento que avanza la cola en el banco, de lo mal que maneja el colectivero, de la crisis internacional o de lo cambiante que está el tiempo.
Los peores son los que primero bufan o chistan, como para llamar tu atención, y después empiezan con las oraciones unimembres –‘¡Qué barbaridad!’- para ir ganando en complejidad y al final, sin darte cuenta, terminás enredado en una conversación inútil y llena de lugares comunes – ‘Si las cosas siguen así no sé dónde vamos a ir a parar’- con un perfecto desconocido, cuando por lo regular te cuesta hacer un tiempo para llamar a tu vieja.
Puedo entender que me preguntes la hora o el nombre de una calle, siempre y cuando lo hagas con educación (‘Buenos días, ¿le puedo hacer una consulta?’’Muchas gracias’), porque en ese caso no estás tratando de encontrar a alguien que escuche tus chocheras sino que me estás interceptando por un motivo netamente funcional.
Si no tenés con quien hablar, fijate, analizalo, hacete socio de algún club, anotate en un curso, cambiá la actitud, pero no me vengas a joder a mí que conozco a los de tu tipo y respondo a cualquiera de tus observaciones con una onomatopeya, un ruido o un movimiento de cabeza porque ya sé que si contesto con al menos un monosílabo te sentís con todo el pie del mundo para hablar sobre lo mal que te trataron en el Fernández a vos, que sos argentino, mientras vienen los micros llenos de bolivianos a atenderse gratis.
Etiquetas: cosas que no, los mato a todos

Etiquetas: consejos
Etiquetas: hijos de puta, la puta que los parió, los malos, los mato a todos, ojalá hubiera ganado McCain, soretes
No está fechada pero ni falta que le hace:
Super rockera, me hace acordar a High Fidelity.
La última es la mejor de todas; como en un cuadro dentro de otro cuadro, como en un cuento de Borges, el espejo, por detrás de la chica, refleja al escritorio que me hizo llegar las fotos.
Qué rara es la vida.
Etiquetas: cosas que pasan, fotos

Se Subasta Un Consejo, Se Subasta Un Amigo/a
Nos presentamos: somo Camila y Santiago, y estamos para aquellas personas que necesiten un consejo y/o un amigo/a.
Podés elegir por cualquiera de nosotros dos o por los dos.
Estamos para escucharte, contenerte, decirte palabras de aliento o simplemente para divertirte un rato por mail.
Se subasta 1 mes de mails continuos y charlas.
Un abrazo!
Cami y Santi
Atención: debido al cobro de intereses de Mercado Libre a lo que termine la subasta se le sumarán $2
Etiquetas: cosas que pasan, hijos de puta
Con Chiche tengo una relación de amor-odio. Lo detesto por ser de derecha, elitista, racista, menemista y machista, entre otras cosas; lo adoro porque me hace reir como pocos. Es capaz de mantener todo un programa con las preguntas más descabelladas (¿por qué son tan caros los corpiños?) y habla sin frenos, sin medirse, no importa si está entrevistando a un cartonero o a un ministro, a todos los quiere dejar mal parados.
Etiquetas: cosas que no

Suena mi celular, es Gus van Sanatan.
Gus - ¿Viste el correo que te mandé?
Yo – No, hoy tengo mucho trabajo experimental así que no estoy con la computadora
Gus - ¡Guau! ¡Qué grosa!
Yo - ¿Qué grosa? Ni a palos, ¡si vieras lo que estoy haciendo! Hago unas soluciones, las pongo en el ultrasonido, genero emulsiones, veo cómo se desestabilizan… Es bastante aburrido…
Gus – No entendés, suena super romántico tener ‘trabajo experimental’.
Yo – No lo es, no con el tipo de ciencia que se hace en este lugar específico. Otros grupos sé que trabajan mejor, de un modo bastante más estimulante. Quedará para cuando quiera formar mi propio equipo de trabajo.
Aunque referido a la biología experimental y no a la química, Houellebecq siempre lo explica mejor:
‘Si se considera a Niels Bohr el verdadero fundador de la mecánica cuántica, no sólo es por sus descubrimientos personales, sino sobre todo por el extraordinario ambiente de creatividad, de efervescencia intelectual, de libertad de espíritu y de amistad que supo crear a su alrededor. El Instituto de Física de Copenhague, fundado por Bohr en 1919, acogió a todos los jóvenes investigadores con los que contaba la física europea. Heisenberg, Pauli o Born aprendieron allí. Un poco mayor que ellos, Bohr era capaz de dedicar horas a discutir los detalles de sus hipótesis, con una mezcla única de perspicacia filosófica, benevolencia y rigor. Preciso, incluso maniático, no toleraba ninguna aproximación en la interpretación de los experimentos; pero tampoco ninguna idea nueva le parecía, a priori, una locura, ni consideraba intangible ningún concepto clásico. Le gustaba invitar a los estudiantes a reunirse con él en su casa de campo de Tisvilde; allí recibía a científicos de otras disciplinas, políticos, artistas; las conversaciones pasaban libremente de la física a la filosofía, de la historia al arte, de la religión a la vida cotidiana. No había ocurrido nada comparable desde los primeros tiempos del pensamiento griego. En este contexto excepcional se elaboraron, entre 1925 y 1927, los términos esenciales de la interpretación de Copenhague, que invalidaban en gran medida las categorías anteriores de espacio, causalidad y tiempo.
Djerzinski no había conseguido, ni mucho menos, recrear un fenómeno semejante a su alrededor. El ambiente en la unidad de investigaciones que dirigía era lisa y llanamente un ambiente de oficina. Lejos de ser los Rimbaud del microscopio que a un público sentimental le gusta imaginarse, los investigadores de biología molecular son, casi siempre, técnicos honrados, carentes de genio, que leen Le Nouvel Observateur y sueñan con ir de vacaciones a Groenlandia. La investigación en biología molecular no necesita ninguna creatividad, ninguna invención; en realidad es una actividad casi totalmente rutinaria, que sólo exige unas razonables aptitudes intelectuales de segunda fila. La gente hace su doctorado y lee la tesis, pero lo cierto es que la enseñanza secundaria sería más que suficiente para manejar los aparatos. “Para entender lo que es el código genético”, solía decir Desplechin, el director del departamento de biología del Centro Nacional de Investigaciones Científicas, “para descubrir el principio de la síntesis de proteínas, sí que hace falta mojarse un poco. Ya se habrán dado cuenta de que fue Gamow, un físico, el primero en dar con la pista. Pero la decodificación del ADN, pfff… Uno descodifica y descodifica. Hace una molécula, hace otra. Introduce los datos en el ordenador, el ordenador calcula las subsecuencias. Se manda un fax a Colorado: allí hacen el gen B27 o el C33. Es como cocinar. De vez en cuando hay un insignificante progreso en el emparejamiento; en general, con eso basta para que a uno le den el Nobel. Bricolage; una broma.’
Extraído de Las partículas elementales, de Michel Houellebecq.
La imagen es de acá.
Etiquetas: ciencia, Gus van Sanatan, libros, trabajo
Etiquetas: la puta que los parió, los malos, los mato a todos, Padre

Etiquetas: cosas que pasan, pelotuda, Seinfeld, yo
Etiquetas: cosas que digo, El Ingeniero, y qué