Mi nuevo programa favorito

Mi nuevo plan sabatino es cenar opíparamente, fumar algo y verlo al Cabezón (al verdadero Cabezón, no a Tinelli). Y hay muchos motivos, a saber:
1 - La primavera democrática. Debo aceptar que es un tópico recurrente en mí, pero es que los ochentas están tan embargados de ese perfume que es inútil escaparse. Badía y Compañía supo tener un segmento en el cual un panel de estrellas periodísticas (entre los que recuerdo a Dorio, Alan Pauls, Mario Mactas y Tinelli, por ejemplo) entrevistaban a alguna figura política de relevancia. Tuve la suerte de ver reportajes a fondo de Caputo, de Irma Roy ¡y de Menem!
2 - Recitales en vivo. Atención: Charly García -cuando todavía tocaba-, Virus, Fito Páez, Spinetta, Sandra y Celeste, Los Enanitos Verdes (¡con club de fans y todo!), Ignacio Copani, César Banana Pueyrredón, Los Pericos. Ningún playback, eh. Lo que sí, en el estudio les tiraban humo a lo pavote.
3 - Juan Alberto lo hizo primero. Shows de patinaje sobre ruedas, cantantes ignotos, bailes típicos y de vanguardia (tengo testigos).

4 - La estética 80's. Impagable. Si tienen la suerte de verlo el próximo sábado presten atención a un mueble en la esquina izquierda de la pantalla que asemeja -me parece- una mesa de bar, pintada de blanco y con un helecho encima. Maravilloso. La indumentaria de Juan y de Mario (Mactas) y de los cantantes, bailarines y domadores de dragones invitados es genial. Las animaciones de las placas del programa, la cortina 'Badííííííííííííaaaaaaaycompañíííííííííííííáaaaa' en un falsete abismal, y los coros 'Badapapapapá, badapapapá'. Me muero. Además hay otra cosa, y tal vez algún lector conocedor del asunto pueda acercar una ayuda, y es que el tono de la imagen en general es oscuro, como si faltaran colores. El público, hay que decirlo, merece un capítulo aparte.
5 - El público. ¡Tanto pelo! ¡Mucho pelo, por dios! Y tan respetuoso y entusiasta. Mucho color pastel, hombreras y remeras enormes.
6 - Juan Alberto Badía. Es un capo, es como Sandrini, que te hace reír y llorar a la vez. Empieza a hablar de cualquier tema y se pone sensible, te cabecea, hace pausas y sonríe, le habla al público y al televidente... Me mata, quiero tener un tío como Badía.
7 - Colaboraciones. Muchas y variadas, ahora lo único que se me viene a la cabeza es el infaltable espacio del profesor Lambetain y algunas apariciones de Paolo El Rockero.
5 - El público. ¡Tanto pelo! ¡Mucho pelo, por dios! Y tan respetuoso y entusiasta. Mucho color pastel, hombreras y remeras enormes.
6 - Juan Alberto Badía. Es un capo, es como Sandrini, que te hace reír y llorar a la vez. Empieza a hablar de cualquier tema y se pone sensible, te cabecea, hace pausas y sonríe, le habla al público y al televidente... Me mata, quiero tener un tío como Badía.
7 - Colaboraciones. Muchas y variadas, ahora lo único que se me viene a la cabeza es el infaltable espacio del profesor Lambetain y algunas apariciones de Paolo El Rockero.
8 - Botón de muestra. Hace unos quince días Lu, El Ingeniero y yo estábamos atentísimos escuchando las preguntas que Juan Alberto y Mario le hacían a Guillermo Vilas en un reportaje a fondo (situación: Vilas sentado en un sillón sobre una tarima con una mesa ratona al lado, Badía y Mactas al ras del suelo, de pie, la media hora que duró la charla), y el tenista, que es un auténtico idiota, luego de comentar que estaba en pleno proceso de grabación de su disco -chequeen el tema Tu eres para mí-, se despacha con la siguiente frase:
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'Hubo un tiempo en el que nadie era famoso'
(Posta. La anoté en un papelito y la pegué con imanes a la heladera).
(Posta. La anoté en un papelito y la pegué con imanes a la heladera).
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De yapa, y para que nadie me diga mentirosa, Virus en vivo en Badía y Compañía 1988, con Pronta entrega:
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Etiquetas: Badía, drogas, El Ingeniero, la primavera democrática, Lu, música, periodistas, qué vieja que estoy, televisión
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