Puede Fallar

martes, febrero 24, 2009

Chiche

Me gusta desayunar unos mates en la cocina, porque entra una luz hermosa y siento que empiezo el día desde un lugar mío, pequeño y cálido. Me gusta también escuchar la radio mientras me cebo mates dulces y me preparo el almuerzo para llevar. Tengo un aparatito viejo y muy roto, sobre la mesada, que sintoniza muy pocas emisoras pero al que ya me acostumbré.

A esta altura, los Pergolinis, los Lalomires y los Pettinatos ya me cansaron (algunos por idiotas, otros por reiterativos, o por hacerse los locos sin gracia), y, para qué negarlo, quiero saber qué temperatura hace, qué dice el pronóstico para el día y algunas noticias generales. Antes escuchaba La 2x4, la magnífica FM de tango de Buenos Aires. El problema es que -parece- es una emisora que depende del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el inepto de Macri rajó a principios de este año a toda la planta estable de la FM. Tenían un muy buen programa de información general por las mañanas, y un excelente ciclo (La noche con amigos) conducido por Leonel Godoy, de 20 a 24 hs por las noches.

Ahora es pura música, como una Aspen de tango, con menos onda que bandera 'e lata, que termina por aburrir.

Y entonces mudé mis despertares con mate y sol no sólo a otra emisora, sino directamente a otro dial, al de la Amplitud Modulada. Ahí sí que el aparatito receptor fue determinante, porque es tan malo que sólo puedo escuchar sin interferencias algunas pocas emisoras.

Radio 10 no, eso sí que no, antes muerta. Sin embargo desemboqué en Radio Mitre. Y por las mañanas, ¿saben quién está? Nuestro incorregible Samuel Chiche Gelblung.

Con Chiche tengo una relación de amor-odio. Lo detesto por ser de derecha, elitista, racista, menemista y machista, entre otras cosas; lo adoro porque me hace reir como pocos. Es capaz de mantener todo un programa con las preguntas más descabelladas (¿por qué son tan caros los corpiños?) y habla sin frenos, sin medirse, no importa si está entrevistando a un cartonero o a un ministro, a todos los quiere dejar mal parados.

Un botón de muestra. El tema del día es la supuesta crisis económica. Primero sale un móvil desde la puerta de una empresa que publicó un aviso clasificado pidiendo 30 costureros.

Movilera - Sí, Chiche, estamos en la puerta de la empresa.

Chiche - ¿Cuánta gente se presentó al pedido de operarios?

Movilera - Dos personas.

Chiche - ¿¿¡¡Dos personas!!?? ¡Y después dicen que en este país no hay trabajo!


Después, una entrevista con un -supuestamente conocido- economista:

Chiche - ¿Pero Uds pudieron pronosticar esta crisis, decirle a los gobiernos 'cuidado, va a pasar esto...'?

Economista - No, no, uno puede decir que está de acuerdo o no con la política económica pero no puede preveer una crisis mundial, de esta magnitud, porque depende de un montón de factores.

Chiche - O sea que no la pueden preveer.

Economista - No, pero el análisis muestra que...

Chiche (interrumpiendo) - El análisis nos sirve para no tener otra de estas crisis en el futuro, para que no vuelva a pasar...

Economista - No, porque en el futuro va a haber otro escenario y...

Chiche (interrumpiendo) - A ver si entiendo: no ven venir la crisis y después no la pueden evitar, ¿me querés decir para que sirven los economistas, para qué servís vos?


Un genio.


Etiquetas: , ,

0 Comentarios:

lunes, febrero 23, 2009

Cosas que no: murgas


Padre siempre recuerda los carnavales de su época: los corsos, los bailes (como el que se realizaba en el Club Comunicaciones), la salida del barrio a la calle, la fiesta. Después vino la prohibición militar, y ya entrada la democracia empezaron a perfilarse los nuevos carnavales, estos que ahora aturden desde, por ejemplo, Medrano y Corrientes.

Particularmente, todos estos festejos me parecen una auténtica desgracia, desde el corsódromo de Brasil hasta los desfiles de Gualeguaychú y aledaños, pasando por la sección de carnaval carioca de casamientos o cumpleaños de quince (pe-pé pepepepé…).

Sin embargo, el horror de las murgas y de los pseudocarnavales de la Ciudad de Buenos Aires no tiene parangón: un montón de personajes que sacuden el cuerpo cual epilépticos mientras suena en repetición infinita el mismo golpeteo de tambor –todo el tiempo, todo el tiempo lo mismo. La postal del murguero, mezcla de pobre* con disfraz de payaso (lentejuela, rocanrol, escudo del club de fútbol, cumbia, reggaetón, cerveza) levantando las manos y sincopando la cadera con la mueca del ‘Ehhhh’ -'¡Ehh, dale loco!'- en la boca es, por lejos, una de las postales más horrendas de la Ciudad.


Odio al carnaval, las comparsas, las plumas, las lentejuelas, la espuma Rey Momo y a todos sus seguidores y espero que venga el Dios del Buen Gusto y los convierta en estatuas de sal.


Y que enseguidita se largue a llover.



*no me corran por izquierda, que ya estamos grandes.

Etiquetas:

0 Comentarios:

martes, febrero 10, 2009

Oficinistas


Suena mi celular, es Gus van Sanatan.

Gus - ¿Viste el correo que te mandé?

Yo – No, hoy tengo mucho trabajo experimental así que no estoy con la computadora

Gus - ¡Guau! ¡Qué grosa!

Yo - ¿Qué grosa? Ni a palos, ¡si vieras lo que estoy haciendo! Hago unas soluciones, las pongo en el ultrasonido, genero emulsiones, veo cómo se desestabilizan… Es bastante aburrido…

Gus – No entendés, suena super romántico tener ‘trabajo experimental’.

Yo – No lo es, no con el tipo de ciencia que se hace en este lugar específico. Otros grupos sé que trabajan mejor, de un modo bastante más estimulante. Quedará para cuando quiera formar mi propio equipo de trabajo.


Aunque referido a la biología experimental y no a la química, Houellebecq siempre lo explica mejor:

‘Si se considera a Niels Bohr el verdadero fundador de la mecánica cuántica, no sólo es por sus descubrimientos personales, sino sobre todo por el extraordinario ambiente de creatividad, de efervescencia intelectual, de libertad de espíritu y de amistad que supo crear a su alrededor. El Instituto de Física de Copenhague, fundado por Bohr en 1919, acogió a todos los jóvenes investigadores con los que contaba la física europea. Heisenberg, Pauli o Born aprendieron allí. Un poco mayor que ellos, Bohr era capaz de dedicar horas a discutir los detalles de sus hipótesis, con una mezcla única de perspicacia filosófica, benevolencia y rigor. Preciso, incluso maniático, no toleraba ninguna aproximación en la interpretación de los experimentos; pero tampoco ninguna idea nueva le parecía, a priori, una locura, ni consideraba intangible ningún concepto clásico. Le gustaba invitar a los estudiantes a reunirse con él en su casa de campo de Tisvilde; allí recibía a científicos de otras disciplinas, políticos, artistas; las conversaciones pasaban libremente de la física a la filosofía, de la historia al arte, de la religión a la vida cotidiana. No había ocurrido nada comparable desde los primeros tiempos del pensamiento griego. En este contexto excepcional se elaboraron, entre 1925 y 1927, los términos esenciales de la interpretación de Copenhague, que invalidaban en gran medida las categorías anteriores de espacio, causalidad y tiempo.

Djerzinski no había conseguido, ni mucho menos, recrear un fenómeno semejante a su alrededor. El ambiente en la unidad de investigaciones que dirigía era lisa y llanamente un ambiente de oficina. Lejos de ser los Rimbaud del microscopio que a un público sentimental le gusta imaginarse, los investigadores de biología molecular son, casi siempre, técnicos honrados, carentes de genio, que leen Le Nouvel Observateur y sueñan con ir de vacaciones a Groenlandia. La investigación en biología molecular no necesita ninguna creatividad, ninguna invención; en realidad es una actividad casi totalmente rutinaria, que sólo exige unas razonables aptitudes intelectuales de segunda fila. La gente hace su doctorado y lee la tesis, pero lo cierto es que la enseñanza secundaria sería más que suficiente para manejar los aparatos. “Para entender lo que es el código genético”, solía decir Desplechin, el director del departamento de biología del Centro Nacional de Investigaciones Científicas, “para descubrir el principio de la síntesis de proteínas, sí que hace falta mojarse un poco. Ya se habrán dado cuenta de que fue Gamow, un físico, el primero en dar con la pista. Pero la decodificación del ADN, pfff… Uno descodifica y descodifica. Hace una molécula, hace otra. Introduce los datos en el ordenador, el ordenador calcula las subsecuencias. Se manda un fax a Colorado: allí hacen el gen B27 o el C33. Es como cocinar. De vez en cuando hay un insignificante progreso en el emparejamiento; en general, con eso basta para que a uno le den el Nobel. Bricolage; una broma.’


Extraído de Las partículas elementales, de Michel Houellebecq.


La imagen es de acá.


Etiquetas: , , ,

0 Comentarios:

miércoles, febrero 04, 2009

Al César lo que es del César

Padre es encargado de un Todo por dos pesos, título ya obsoleto para un tipo de comercio surgido en el reinado menemista, y que vende al público lo que haya para vender. Padre está unas 11 horas por día atendiendo gente, detrás del mostrador, condición que genera miles de anécdotas, algunas divertidas y otras no tanto.

Padre cuenta de la monjita que compra en el local, que va con el hábito y que responde con un tímido 'ji ji ji' a sus bromas. Padre dice que la monjita le pide siempre que 'infle' el ticket de compra. Que si gastó diez pesos, le pide que le haga un ticket por quince.

Padre le comenta al pasar 'qué lejos que está el corazón del bolsillo, ¿no?' y la monjita, mientras recibe el ticket inflado, dice 'ji ji ji'.
.

Etiquetas: , , ,

0 Comentarios: